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Impuestos bajos en España

¿Impuestos bajos en España?

Desde hace unos meses, es habitual entre miembros del Gobierno la afirmación de que en España, se pagan pocos impuestos. Este mensaje ha ido calando en ciertos sectores de la opinión pública y de los medios de comunicación.



De esta manera, cuando se cuestiona la calidad de los servicios públicos españoles, o se analiza el descontrol en el déficit público, es fácil llegar a la conclusión que, una de las soluciones, es subir los impuestos como medio para aumentar la recaudación (como, de hecho, se ha hecho este año con el IVA y el IRPF).

Sin embargo, según las conclusiones de este estudio, lo que es bajo en España, es la recaudación, no los tipos impositivos. Normalmente, la presión fiscal es la ratio más utilizada para medir el nivel de los impuestos en un país.

Este dato se obtiene dividiendo el montante total recaudado entre el PIB total de un país. En España, la presión fiscal en 2009 se situó en el 30%, un porcentaje bastante bajo en relación con el de otros países de la UE (Dinamarca, por ejemplo, está en el 48%).

Sin embargo, esta cifra no sirve para calibrar bien el nivel impositivo de un país. En España, la presión fiscal – calculado de esta manera – ha caído en los últimos años, desde el 37% de 2007 al 30% del año pasado.

Pero este descenso, no se debe apenas a reducciones impositivas (las únicas que se aprobaron, como la ayuda de los 400 euros, luego se eliminaron), sino a la caída de la recaudación a causa del parón económico.

Evidentemente, con un 20% de la población en paro, con las empresas cerrando (y sin beneficios) y con un consumo prácticamente congelado, los grandes impuestos en España (IVA, Impuesto de Sociedades, IRPF) de los que el Gobierno consigue la mayor parte de su financiación, tuvieron un importante descenso desde que empezó la crisis.

Es decir, que en España se recauda poco no porque los impuestos sean bajos, sino porque no hay nada que recaudar (no existe riqueza económica que se pueda gravar).

En España, las regiones más pobres (Extremadura o Andalucía) tienen impuestos superiores a los de otras autonomías y su presión fiscal, sin embargo, es mucho más baja. ¿Por qué? Porque como allí hay más paro, menos empresas y menos consumo, hay menos sobre lo que recaudar.

Evidentemente, la manera de que estas regiones salgan de la pobreza no es subir los impuestos (lo que deprimiría aún más su actividad económica) sino crear las condiciones para aumentar la riqueza.

De hecho, y como ejemplo, uno puede imaginarse dos países con un IRPF igual, en el que habría dos tramos, del 25% para los que ganen menos de 15.000 euros y del 45% para los que ganen más. En el país A, hay 100 habitantes y todos ganan 12.000 euros al año, mientras que los 100 contribuyentes del país B ganan 45.000 euros cada doce meses. En los dos países, los impuestos son iguales, sin embargo, en el primero la presión fiscal es del 25% y en el segundo del 45%. Pero esto no quiere decir que el país A deba subir impuestos, sino que tiene que hacer las reformas necesarias para que sus habitantes sean tan ricos como los del país B. De esta manera, subirá naturalmente su presión fiscal. Si incrementa sus tasas seguramente lo que conseguirá es empobrecerse aún más (Curva de Laffer).

Hay que introducir una variable menos conocida pero más precisa: el “esfuerzo fiscal” (el llamado Índice de Frank). Hay que partir de la base de que, a una persona más rica le cuesta menos pagar impuestos que a una más pobre (es evidente, a alguien que gana 100.000 euros le es más fácil pagar un 30% de su renta que a alguien que gana 30.000), para calcular el esfuerzo fiscal en la UE, medido como la presión fiscal entre el PIB “per cápita”.

Son las naciones más ricas (Noruega, Dinamarca, Holanda,…) las que menos esfuerzo fiscal realizan. Allí los impuestos son altos, pero también lo son los salarios: por eso la presión fiscal es alta, porque hay un porcentaje elevado de la población que paga impuestos sobre la renta en los tramos más altos y las empresas tienen beneficios.

Sin embargo, España está en los primeros puestos de la tabla de “esfuerzo fiscal”, junto a Portugal, Grecia o Italia.

Por eso, lo que necesita España, no son impuestos todavía más altos, sino más empleo, más empresarios, más inversores y más productividad que proporcionen alivio a la recaudación, para volver cuanto antes al equilibrio presupuestario que nunca se debió abandonar.

Evidentemente, esto no se conseguirá subiendo los tipos, sino con “una profunda reforma laboral que flexibilice” el mercado laboral y con la supresión de “las pesadas cargas burocráticas para la creación de empresas”.

José Blanco alertaba este pasado verano que, los impuestos españoles, son “muy bajos” y había que homologarlos a la media europea. Y José Luis Rodríguez Zapatero decía, hace unas semanas que, si queremos conseguir unos servicios como los de alemanes o suecos, tendríamos que hacer los mismos esfuerzos. En los dos casos, los contribuyentes españoles se echaban a temblar (y, de paso, se echaban la mano al bolsillo). Porque no es cierto que ellos paguen menos impuestos, proporcionalmente, que sus vecinos europeos. De hecho, en muchos casos, pagan más y les cuesta más esfuerzo hacerlo. Lo que ocurre es que son más pobres y a veces a sus bolsillos no les quedan ni siquiera unas míseras monedas para el recaudador.

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